martes, 29 de septiembre de 2009

Las tiendas tradicionales, o la arqueología comercial.

Una de las cosas que más me gusta ver cuando viajo, y que nunca dejo de atrapar con mi cámara, son las tiendas tradicionales que aún quedan, como auténticos restos arqueológicos vivos. El término, lo tomo de la llamada Arqueología Industrial, que no es otra que los restos de antiguas factorías, centrales o almacenes de la era industrial decimonónica y que en pocas ocasiones han sobrevivido al cese de sus funciones.

Al igual que esas viejas fábricas, hoy reconvertidas en centros culturales o comerciales en el mejor de los casos, aún quedan restos del comercio con solera, señas de indentidad de ciudades como Logroño, o náufragos de otro tiempo en las modernas capitales dominadas por la uniformidad de las franquicias.

En una época en la que la personalización de la atención al cliente y los negocios temáticos son los objetivos deseables, no está de más recordar cómo eran esas prácticas cuando el colmado, el ultramarinos o el almacén de drogas eran mucho más que una estantería, y sus responsables, auténticos prescriptores.

En principio, los fondos publicados serán propios, pero no cierro este espacio a la colaboración de los lectores.

Iniciamos aquí un viaje al pasado cargado de nostalgia.